lunes, 27 de febrero de 2017

Tarde de lunes

Una de las peores cosas que tienen los cambios de estacíón son esos increíbles catarros que aparecen como por arte de magia. Empiezas la semana en peor estado en el que la terminaste, pero afortunadamente no tienes tiempo ni de permitirte parar para comer y mucho menos para descansar. Tienes una promesa que cumplir. Te has comprometido para jugar un partido de baloncesto con tu pequeño gran príncipe. Y por supuesto, si haces una promesa, la tienes que cumplir. 
De repente, recuperas la energía. Sacas fuerzas de donde no las tienes, porque ser madre es eso. Te conviertes en una especie de super heroína y tu super poder es ser capaz de multiplicar el tiempo del que dispones en el día. 
Pero la tarde ha sido genial, porque hemos reído a carcajadas, hemos disfrutado de nuestro partido y de nuestra merienda para reponer fuerzas y luego mientras volvíamos a casa dando un paseo, hemos observado las plantas que nos encontrábamos en el camino y hemos aprovechado el tiempo con una pequeña clase de botánica. 
Esta tarde he conseguido recargar un poquito las pilas, mientras disfrutaba de la naturaleza. Me encanta observar las montañas, me reconfortan, me siento protegida, me dan tranquilidad. Las miro y las ideas llegan a mi mente. Sólo queda ordenarlas al llegar a casa, mientras acabo de hacer todo lo que queda pendiente. Una inmensa sensación de paz brota de mi interior. Esa paz que sólo aparece cuando sabes que no tienes nada que ocultar; que sigues siendo igual de transparente que siempre. Y eres consciente de que el ser así te permite a enfrentarte a la verdad, porque no tienes miedo a lo que de allí pueda surgir. 
Promesas cumplidas en una tarde de lunes. Energía recuperada. Buenas vibraciones para empezar la semana. 

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