jueves, 2 de febrero de 2017

Sincerándome

Hace casi un año decidí reactivar mi blog. En esa época no estaba precisamente atravesando un buen momento. Estaba intentando superar una ruptura del que para mí había sido mi compañero de viaje durante diez años. Alguien con muchas cosas en común, pero que llegado un momento, habían desaparecido. Me hundí, toqué fondo. Lo pasé francamente mal. Tuve a mucha gente preocupada durante muchos meses. Y al final, lo conseguí, logré salir a flote.
Ahora, hoy, y con la perspectiva que me da el tiempo y el trabajo personal que hice a lo largo de varios meses, me encuentro serena, tranquila y segura. Y se que gracias a la ayuda de mi familia, de mi pequeño, de mis amig@s y de mi terapeuta, hace meses que conseguí volver a ser quien soy,  volví a ser quien era, hace años. 
Recuperé mi esencia. Recuperé mi verdadera forma de ser. 
Ya he dicho muchas veces que ahora tengo muy claro lo que quiero en todos los aspectos de mi vida. Mis miedos y mis inseguridades han desaparecido por completo. 
Los que me conocéis, sabéis como soy. Soy una persona transparente, sin dobleces, alegre, con mis altibajos emocionales y con carácter. Esto último me viene de serie. Y se lo debo a mis dos abuelas y al resto de mujeres de mi familia (mi madre y mis tías). 
Como decía, las dos personas a las que creo que debo mi carácter son mis dos abuelas. Ellas eran dos mujeres fuertes, a las que les tocó lidiar con una guerra, con una postguerra y sacar adelante a dos familias en aquellas situaciones. Una, contó con el apoyo de mi abuelo; pero la otra lo hizo sola. Siempre he sentido gran admiración por ellas y quizás en su momento no se lo supe transmitir. Pero ahora, se que les debo mi forma de ser. El ser capaz de resurgir de mis cenizas y de no dejarme amedrentar por las situaciones, por complicadas que estas sean. Así pues... gracias... a todas las mujeres de mi familia, por ser como son y por enseñarme a ser como soy. Sin esa parte de mi esencia, yo no sería así. No habría llegado a ser yo. 
Durante este último año, he ido escribiendo sobre mis sentimientos, mis pensamientos, mi trabajo personal, mis reflexiones. No con ánimo de sentar cátedra, sino más bien como un pasatiempo, como una forma de expresarme, de contar lo que llevo dentro. Ha sido como una terapia, una herramienta más, que me ayudaba a pensar en voz alta. 
Hace unos días, un@s amig@s me preguntaron si había alguien en mi vida. Bromeábamos y me decían qué mi sonrisa, mi mirada, mi yo, era diferente, que no parecía la misma. Yo, por supuesto, tiré balones fuera y me hice la despistada. 
Pero, hoy ha llegado el momento de sincerarme. 
Sí... había alguien. Hace cuatro meses aproximadamente que alguien apareció en mi vida. Era alguien que ya estaba allí; un amigo, alguien que me había apoyado, soportado, aconsejado, animado, contado sus vivencias personales, propuesto algún plan (que yo había rechazado...), y más cosas buenas que seguro me dejo en el tintero. 
Y, de repente, llegó un día en el que uno de esos planes propuestos, encajó en las agendas de los dos. Supongo que era el momento de que esas piezas encajaran. 
Ninguno de los dos, dábamos crédito a lo que pasaba ese día, porque no estaba en nuestros planes. Él tenía su vida perfectamente montada, y yo, la mía (hijo, amig@s, familia y yo conmigo misma, sin pareja). Compromiso frente a libertad. Seguridad frente a riesgo. Tranquilidad frente a caos.
Al ver lo que pasaba, decidimos que no podía ser, sencillamente dejarlo pasar. Pero... no lo conseguimos. Esas piezas encajaban a la perfección, y por mucho que lo intentábamos no lo podíamos controlar. Pero, si soy realista, eso no tenía continuidad en el tiempo. No, sin un compromiso serio y real por las dos partes. Nada que no tenga que haber en una relación normal y basada en la sinceridad. Aún así, han pasado cuatro meses de idas y venidas, de altibajos, de nervios, rupturas, reencuentros, momentos mágicos, especiales...
Por extraño que parezca, en algunas ocasiones, hay personas con las que conectas y esa conexión va en aumento, hasta el punto de saber lo que esa persona está sintiendo sin necesidad de que te hable, sin necesidad de que esté a tu lado. Es algo difícil de explicar sino eres una persona abierta a ese tipo de cosas. Y por supuesto, es muy loable el que haya gente que no crea en ello.
Pues bien, hoy es el día en el que puedo sentarme a escribir sobre mí desde la tranquilidad, desde la soledad de mi casa, en silencio, con mi ambiente en penumbra... como a mí me gusta. 
Hoy, siento mi corazón en paz. Hoy, he conseguido decir lo que siento, lo que llevaba dentro y no me atrevía a expresar. Por supuesto que no ha gustado. Pero, yo, no soy una persona con dobleces y a la que los misterios y las intrigas, le gustan en los libros. Y por supuesto, asumo las consecuencias sin miedo. 
En mi día a día, quiero claridad, transparencia, exclusividad... Quiero un compañero de viaje, alguien con el que compartir sueños, miedos, tristezas, alegrías, proyectos futuros... y que esto sea recíproco. Sino, para mí una relación no tiene ningún sentido. Y por supuesto, como decía mi abuelo, si estoy con alguien tiene que ser porque de verdad lo quiera y esa persona me quiera, sino...prefiero estar sola. 
Ahora mismo, en esta etapa de mi vida, disfruto de mis ratos de soledad. No tengo miedo a estar sola, porque realmente no lo estoy. Tengo mi vida, mi espacio, mi esencia. Por supuesto que soy una soñadora y espero que ese alguien especial aparezca... pero no tengo prisa. En estos momentos, me tomo mi tiempo para todo. Y cuando digo todo... es todo. 
Me considero una persona optimista, realista y con un gran corazón, incluso a veces, me cuesta poner límites y dejo que la gente traspase barreras que no deberían. Y eso luego me pasa factura, porque cuando me doy cuenta de que sufro y pongo los límites... esa reacción no es bien recibida por la otra parte. 
La parte positiva de este último año es que he conseguido ir aprendiendo algo nuevo cada día. A largo de este tiempo, me he reforzado como mujer y como persona, he aprendido a preservar mi espacio, a cuidarme y a valorarme. Por eso, ya no permito que me hagan daño. No permito que nadie descargue sus inseguridades y miedos sobre mí. Ahora no. 
Y sí, hoy, puedo decir que había alguien. Pero... había...
No se lo que me depara el destino. Sólo se que si algo tiene que ser será. Y que si el universo se empeña en que algo tiene que ser para un@... se mueve hasta que eso sucede. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario