Uno de los aromas que tengo grabados en mi memoria es el de las violetas silvestres. Mi abuela siempre tenía en su jardinera. Recuerdo que me encantaba tocarlas, olerlas, impregnarme de su aroma. Algunas veces, cogía alguna y la metía entre las hojas de alguno de mis libros. Es una de mis flores preferidas; y no demasiado fácil de encontrar. Pero curiosamente, hace poquito he dado con ellas y voy a intentar que crezcan en mi pequeño y humilde balcón.
El olor a violetas me ha acompañado durante mi vida, igual que otros muchos, como el de la lavanda, el sándalo, las rosas...
Pero estas minúsculas y delicadas flores son mi debilidad. Su aroma, su color, su delicadeza... sencillamente, siento que son parte de mi esencia, son parte de mí.

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