Una de mis pasiones es perderme en una librería o en una biblioteca. Recorrer esos espacios con tranquilidad, leyendo títulos y reseñas de libros. Tocándolos, acariciándolos, dejando que sean ellos los que me elijan para adentrarme en sus historias. Hace años, siendo todavía una niña, una persona muy especial para mí, puesto que fue la que me adentró en el maravilloso mundo de la música, me regaló una colección de libros. Ese fue el momento en el que todo empezó. Desde ese momento, no recuerdo mi vida sin libros; desde ese momento, miles de historias me han acompañado a lo largo de estos años. Recuerdo la biblioteca del internado, como un sitio mágico, dónde sólo las privilegiadas (o aquellas a las que castigaban, como a mí), podían visitar; recuerdo las innumerables bibliotecas y librerías que he tenido la suerte de recorrer. El olor a papel encuadernado. Los colores de los libros.
Hoy, es uno de esos días mágicos, porque he acabado el libro que me ha acompañado durante estos días de reposo por prescripción médica. Un libro especial porque se enmarca en Barcelona, una ciudad mágica para mí. Un libro cuya trama va ligada muy estrechamente al mundo de los libros, a ese mundo increíble del papel, de las librerías, de las historias, un libro en el que se describe un lugar en el que millones y millones de libros están esperando a encontrar a esa persona especial que los protegerá.
Sí por una casualidad de la vida, existiera El cementerio de los libros olvidados y se cruzara en mi camino...
He terminado la historia y como siempre necesito mi tiempo para poder adentrarme en otra diferente. La que me tenía absorta estos días ha tenido un significado especial y más porque justo ha sido terminarla y curiosamente una de esas casualidades de la vida... ha vuelto a ocurrir.
Pero, la verdad, es que desafortunadamente, no demasiada gente cree en las casualidades.
P.D: ...
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