domingo, 19 de febrero de 2017

Flores en un domingo de febrero

Domingo por la mañana. 
Me levanto. Me voy activando poco a poco. Necesito ir adquiriendo el ritmo lentamente. Para llevar prisas, ya está el resto de la semana.
Me arreglo y me voy a pasear. 
Me regalo flores, porque hoy es domingo por la mañana. 
Es una forma de que la primavera entre en mi casa. De que la naturaleza esté presente en mi vida diaria. Siempre me ha gustado regalarme flores. Nunca he necesitado un motivo especial para hacerlo. Y nunca he esperado a que nadie me haga ese detalle. Las flores me gustan y me gusta que estén presentes en mi hogar. Es algo que llevo haciendo desde hace años. En todos los sitios en los que he vivido, ya sea sola o acompañada, es una práctica que siempre he repetido. De vez en cuando, me voy a pasear por algún mercado y si hay flores me dedico ese detalle a mí misma. Uno de mis sueños es llegar a tener una casa con jardín... pero mientras eso llega, me conformo con estos detalles de algunas mañanas de domingo. 
En unas pocas semanas mi balcón revivirá. Ahora está triste y apagado por el frío del invierno. El invierno está dando sus últimos coletazos. Poco a poco la primavera se va desperezando, se va abriendo paso. El campo está lleno de color: verde, blanco, amarillo...una explosión de luz y color. La humedad y el calor del sol de este mes del año, hacen que los colores de la isla vayan tomando intensidad. Siempre me ha gustado esta época del año en Mallorca. Bueno, realmente... la isla me gusta en todas las estaciones del año, pero ese es tema para otro día.
Hoy, domingo soleado de febrero, he salido a pasear por un mercado y me he regalado flores.

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