Uno de mis antiguos miedos, era enfrentarme a un auditorio lleno de gente. Ya fuera para hablar o para cantar. Poco a poco, y por temas laborales fui perdiendo el miedo a hablar en público. Una parte importante de mi carrera profesional ha ido ligada a la formación. Primero a pequeños grupos, lo cual fui superando con tranquilidad; incluso cuando tenía que explicar temas en los cuales no era experta en aquel momento. Pero llegó un día, en el que el auditorio que tenía delante de mí estaba ocupado por más de doscientas personas. Y ahí estaba yo, pequeñita, menudita; la última en intervenir en aquella jornada en la que me habían precedido cuatro grandes compañeros y maestros de la comunicación y de los temas sociales. Y yo... una novata en apuros. Apuros por ver el público delante de mí. El dolor de estómago era insoportable.
Recuerdo que cuando de pequeña tenía que actuar, siempre miraba una luz o al micrófono y así me evadía de lo que tenía delante. Aquel día busqué una luz, algo en lo que fijar la mirada. Y encontré unos amables ojos negros que me miraban y me decían: "Tranquila. Empieza y verás". Y sí!!!!, empecé. En ese instante las palabras empezaron a salir de mis cuerdas vocales. Y el miedo que sentía, la enorme bola de nervios que tenía en mi estómago, desapareció. Me hice consciente de que realmente hablaba de mi trabajo, de mi día a día, de todo aquello que controlaba y que realmente me apasionaba. A partir de entonces nunca más he tenido miedo a hablar en público o en la radio, porque tengo la suerte de hablar sobre algo que me gusta.
Mis padres me dieron la posibilidad de formarme en aquello que yo elegí. Y luego poco a poco, fui yo misma, la que fue definiendo su carrera profesional, en el área que yo quería. Tengo la suerte de trabajar en temas ambientales relacionados con producción y a la vez trabajo con y para las personas, punto clave para que mi día a día se vea enriquecido y que me da la posibilidad de aprender de ellas.
Además, en estos momentos, puedo compaginar en mis días: mi vida privada, mis aficiones y mi pasión por la escritura.
Aquellos temores desaparecieron al enfrentarme a ellos. Desde entonces, cada vez que un miedo aparece delante de mí, aunque me cueste, me enfrento a él y consigo vencerlo.
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