Cierro los ojos.
Me acurruco en mi cama.
Cierro los ojos.
Mi cuerpo queda inerte.
Siento que salgo de él.
Empieza mi viaje.
Hace frío fuera.
Pero yo, no lo noto.
Poco a poco, me voy alejando de mi refugio. De ese que yo misma he ido construyendo, y en el que me siento segura.
Voy tomando altura.
Voy rumbo a las estrellas.
Me dirijo hacia esos puntos mágicos, que cada noche brillan en el cielo.
Desde donde estoy, todo se ve minúsculo.
No alcanzo a distinguir los detalles.
En este punto en el que me encuentro, en el medio de la nada, sólo hay silencio, oscuridad, tranquilidad. Justo lo que necesito. Sólo puedo escuchar a mi corazón.
Voy rumbo a las estrellas.
Voy buscando su brillo.
Voy buscando su luz.
Aquí arriba, el tiempo pasa igual de rápido que allá abajo.
Pero tengo que regresar.
No puedo quedarme aquí.
Al menos, por ahora no.
Ese momento llegará algún día.
Hoy, como otras veces, sólo ha sido una escapada fugaz.
Pero llegará un día en el que este viaje rumbo a las estrellas, no sea de ida y vuelta.
Llegará un día, en el que conseguiré finalmente alcanzarlas y podré fundirme con ellas.
"Porque la vida se ríe de las previsiones, pone palabras donde imaginamos silencios y súbitos regresos cuando pensamos que nunca volveríamos a encontrarnos". (El viaje del elefante. José Saramago)

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