Esta mañana, mientras me dirigía a mi cita semanal de esos cafés para arreglar el mundo, en la radio ha comenzado a sonar una canción. No recuerdo cual era. Es una canción que me gusta mucho y es, de hace unos cuantos años. En ese momento, iba pensando en lo que ha sido la semana. En lo que han dado de sí estos días pasados.De repente, mis ojos se han llenado de lágrimas. No eran lágrimas de tristeza. Eran lágrimas de emoción. Emociones contenidas muy adentro y que pedían salir a gritos. Ha sido una semana que me ha dejado exhausta, agotada físicamente. Pero una semana con muy gratas sorpresas. Y en la que ha quedado demostrado que el esfuerzo de estos meses atrás ha merecido la pena.
Cada día que pasa, siento que las piezas de mi puzzle van encajando en silencio, con tranquilidad, como se hacen las mejores cosas de la vida.
Despacito. Sin prisa. Como los buenos besos. Como esos abrazos que duran una eternidad. Como hacer el amor con esa persona con la que conectas a la perfección. Como bailar con la pareja perfecta de baile. Como sumergirte en la lectura de un buen libro. Como disfrutar de una reunión con buen@s amig@s.
Hoy, es uno de esos días perfectos, en los que haces aquello que realmente te apetece hacer. Un día sin prisas. Un día para disfrutar de pasear bajo un sol que ya comienza a calentar. Un día en el que mientras nadas, la música te acompaña y consigues aislarte de todo lo que te rodea. Un día en el que te permites el lujo de contemplar la belleza del paisaje que te rodea: el verde del campo, los almendros en flor, el azul del cielo de la isla... Un día para acurrucarte en el sofá, escuchar música tranquila y leer a la luz de las velas. Un día perfecto para ¿porqué no?... empezar a vivir tus sueños.

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