Hoy ha sido una tarde muy especial.
Cuando he llegado a recoger a mi pequeño gran príncipe, estaba nevando sin parar. Esto no resultaría raro, si viviéramos en un pueblo del Pirineo... pero lo especial y diferente, es que vivimos en un pueblo de la isla de Mallorca. Un pueblo de la Sierra de Tramuntana. Hemos dado un paseo hasta llegar a casa, hemos jugado con la nieve en la terraza, nos hemos tomado un chocolate caliente... Y después, una vez bien abrigados, hemos salido a pasear por uno de los caminos del pueblo.
Para mí, un paseo por la nieve y jugar a tirarnos bolas de nieve, no era algo nuevo, pero para él, sí. Era la primera vez que veía nevar tanto. Era la primera vez, que jugábamos a tirarnos bolazos de nieve. Nos hemos mojado hasta las orejas... pero lo que hemos disfrutado, no nos lo quita nadie.
Esta es una de esas pequeñas cosas que no son cosas.
Esta es una de esas innumerables cosas que me parecen especiales.
Siempre he dicho que me considero una persona muy afortunada, por muchos motivos. Porque tengo gente maravillosa a mi alrededor; porque tengo un hijo, que es el mejor regalo que me ha dado el universo; porque vivo en el lugar que yo elegí, un lugar que me parece increíble, a la vez que mágico.
Además, me considero una mujer fuerte y libre, porque tomo mis propias decisiones (aún a riesgo de equivocarme; pero así es la vida); porque tengo mis propias creencias y sigo mis intuiciones; porque sencillamente soy yo.
Y si esto no fuera así... esta tarde no hubiera sido tan especial.

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