Una de las sensaciones que más me gustan de ir a nadar es la del agua rodeándome. Sentirme flotando en ella. Sentir el ritmo de mi respiración. Conseguir evadirme de todo lo que hay a mí alrededor. En esos momentos, dejo que mi mente fluya al ritmo que marcan mis pulmones. Un ritmo tranquilo, sosegado, sin pausa...
Dejo que las ideas lleguen a mi mente de forma tranquila, sin prisas. Y poco a poco, consigo que desaparezcan. Todo aquello que me preocupa, en el preciso instante en el que mi cuerpo toma contacto con el agua, va desapareciendo, al ritmo de mi respiración. Hasta que llega un instante en el que mi mente se queda vacía, relajada, en paz. Disfruto de esos momentos. Porque luego, al salir del agua, al cabo de un rato, mi mente se activa. Pero, lo hace de forma diferente. Todo se ha clarificado; todo se ha puesto en orden; todo se ha transformado en positivo. No hay miedos, ni temores, ni agobios. Estos han desaparecido.Y lo han hecho de forma tranquila y sosegada. Lo han hecho...al ritmo de mi respiración.
No hay comentarios:
Publicar un comentario