miércoles, 26 de octubre de 2016

A pesar de...

A pesar de que estoy muerta de cansancio, me he puesto a rebuscar entre mis libros, y he encontrado las dedicatorias que me escribieron un@s compañer@s de trabajo muy especiales que tuve en mi etapa en Bilbao. Coincidió con la puesta en marcha de uno de los proyectos más importantes en los que he tenido la suerte de participar. Fue una etapa dura, complicada, por lo innovador del proyecto, por las horas y por la dedicación que la puesta en marcha de un proyecto de esta envergadura requiere. Pero, a la vez, motivante, increíblemente enriquecedora en lo personal y en lo profesional. Pero llegó el momento de dejarlo, de decir adiós. 
Llegado ese día y como no éramos muchos en el equipo, a pesar de las promesas iniciales, decidí despedirme de una forma ... diferente. A cada un@, les regalé una vela, de uno de mis colores favoritos, y un escrito personalizado para cada un@. Pretendía que me recordaran, no sólo porque a pesar de ser su responsable, me encargaba de preparar el café cada mañana. Ahora que ha pasado el tiempo, he de reconocer, que en esta tarea, había un puntito egoista, puesto que yo siempre necesito un buen café para empezar la mañana. 
De todos los proyectos en los que he tenido la suerte de participar, creo que este ha sido el más significativo por el valor humano del equipo que conseguimos ser. 
Uno de esos eslabones del equipo, me devolvió el regalo, escribiéndome un texto que no puedo copiarlo todo, pero me apetece recoger un poquito.
"Quizás un día, me encuentre sentado en un banco, con las manos sujetando un bastón, y me diga: "Qué será de aquella chica?. Hostia!!!, cómo se llamaba?. Trabajó conmigo. En fin, seguro que le ha ido muy bien, pues estaba conectada con la naturaleza. El nombre se habrá consumido, como la vela. Pero el recuerdo del ser, la esencia seguirán siempre". 
Pues bien, eso es lo que importa. La esencia de los encuentros; la esencia de las personas que a lo largo de nuestra existencia aparecen en nuestro camino. Siempre digo que me considero una persona muy afortunada, porque la vida me ha permitido dedicarme a aquello que más me gusta y me motiva, el trabajo "con y para las personas". 
Cada día aprendo algo. 
Cada día alguien me enseña algo nuevo. 
Cada día alguien se encarga de decirme que recibo lo que doy. 
Cada día me devuelven una sonrisa, un saludo amable, un comentario, una broma...
Y todo porqué a pesar de ser una persona dedicada al mundo de lo productivo, lo que realmente me importan son las personas.


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