Los demonios que habitan en lo más profundo de nosotr@s nos impiden avanzar. No es fácil luchar contra ellos. Para nada, resulta sencillo enfrentarnos a nuestros temores. Son miedos irracionales que se aferran en lo más profundo de nuestro interior. En muchas ocasiones, tardamos años en ser capaces de acabar con ellos.
Nos atan, nos paralizan, nos abruman con indecisiones... Son capaces, incluso, hasta de volver nuestra vida de color gris.
Acaban con nuestras ilusiones.
Apagan nuestra luz interior.
Nuestro brillo, llega a desaparecer.
Pero, no son invencibles. Podemos acabar con ellos, simplemente sacándolos al exterior. Hablando de nuestros temores con naturalidad, sacándolos a la luz. Permitiéndoles, obligándoles a salir fuera de nosotr@s, enfrentándonos a ellos. De esta forma, no siempre sencilla, conseguiremos que poco a poco se vayan haciendo más pequeños, se diluyan en el aire que nos envuelve, hasta que por fin desaparezcan.
Y cuando esto sucede, la sensación de libertad que se siente es tan enorme, tan maravillosa, tan indescriptible... que sólo por sentirla merece la pena haber sido capaces de romper esas cadenas que nos mantenían atad@s, allí, en un rincón muy oscuro de nuestra alma.

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