Llevo más de un mes sin escribir en este espacio. No por falta de ideas, sino porque de vez en cuando me resulta muy útil y beneficioso, hacer un alto en el camino. A menudo, tengo la impresión, de que en esta época en la que vivimos, no somos entes completos sino hacemos infinidad de cosas, sino tenemos todas y cada una de las horas del día llenas de citas y actividades.
Si tengo que definirme, no lo haría como una persona inactiva, sino precisamente como todo lo contrario.
Pero, con el paso de los años, he aprendido a valorar mi tiempo, mi espacio y sobre todo el silencio. Puedo afirmar, que mi vida es de todo menos aburrida; y está en un continuo cambio. Cambios que no sólo me afectan a mí; sino también, a aquella persona que ocupa un lugar muy importante en mi vida. No tengo tiempo para el aburrimiento. Habitualmente, las horas, los días, las semanas, incluso, me atrevería a decir, los meses, se me pasan a una velocidad de vértigo. Y es, en ese preciso instante, en el que he aprendido a hacer una parada en seco. Hago un alto en mi camino. Siento necesidad de resetear mi mente, de poner orden en mi vida, en mis pensamientos, en mis actividades. Con el paso del tiempo he aprendido a ser un poquito egoísta. He aprendido a pensar en mí, y a permitirme el lujo de convertirme en una de mis prioridades.
Un alto en el camino; una desconexión temporal del mundo que me rodea. Este simple hecho me permite: sentarme a pensar, escuchar mi voz interior, sentir mi corazón y darme espacio y tiempo para mí. Porque si yo no estoy bien, lo que me rodea tampoco lo estará.
No hay comentarios:
Publicar un comentario