domingo, 28 de mayo de 2017

Sin manual de instrucciones

La gente que me conoce bien sabe que leer es una de mis pasiones. Puedo enfrentarme a libros de temáticas variadas y de distintas magnitudes sin prácticamente problema. Pero, siempre hay un pero, el enfrentarme a un manual de instrucciones... eso ya son palabras mayores. Creo que dispongo de una importante colección de estos artículos. Todos ellos están perfectamente almacenados en el trastero, y un buen día, no muy lejano, acabarán en el contenedor azul (sí, ese en el que se depositan los papeles y cartones para su reciclaje). Creo que a lo largo de mi vida, me he leído muy pocos manuales de instrucciones. Decididamente, mi curiosidad, mi impaciencia y mi carácter científico, me llevan a probar, experimentar y enfrentarme a nuevos retos. 
Otra de las cosas que la gente que me conoce, sabe muy bien, es que mi medio natural es el agua. En ella, me siento como una ballena; o más bien, debido a mi memoria de pez, debería decir que soy como "Dori" el personaje de la película de Disney "Nemo". En el agua me siento en mi medio vital.  Nado durante bastante tiempo sin cansarme, me sumerjo y permanezco bajo el agua sin problema alguno. Pero, desde hace unas semanas, he decidido ampliar mi entrenamiento personal, y aventurarme a bajar al subterráneo. A ese mundo desconocido. El subterráneo, ese piso en el que no me había atrevido a adentrarme hasta ahora. Quizás por miedo a encontrarme a Satanás en mallas...podría ser.  Aunque, bien es sabido que las relaciones con demonios, no son precisamente aburridas (pero ese es otro tema). 
Pues bien, a lo que íbamos. El piso inferior.  El gimnasio. Un espacio repleto de  máquinas infernales sin manuales de instrucciones. Un mundo nuevo por descubrir. Un reto más al que enfrentarme.
Y,  tengo que decir que está siendo toda una experiencia. Está resultando algo... muy interesante. Y todo esto, sin manuales de instrucciones. 

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