Final de una semana densa, intensa, difícil.
Tranquila, sentada en mi sofá, con la casa en silencio.
Sintiéndolo.
Dejando que me invada.
Dejando que entre hasta lo más profundo de mi ser.
Me permito mi tiempo para leer, para reflexionar, para pensar.
Me doy cuenta de que lo que antes era explosión, ahora es reflexión.
Reflexión, revisión, análisis... todo con un sólo objetivo: crecer.
Me doy cuenta de que poco a poco he sido capaz de ganar capacidad para interiorizar las cosas. Para hacerlas mías y transformarlas. He conseguido transformar el dolor en algo positivo, en aprendizaje.
Hoy, domingo, me doy cuenta de que hace un año, no era capaz de reaccionar así.
Hace un año, el dolor, mi dolor, hacía que no fuera viera más allá.
Esta semana, ha supuesto para mí, un punto de inflexión en mi proceso personal. Pasó un acontecimiento, que hizo que mis miedos más horribles se me pusieran delante. Y esos miedos, que me paralizaron por un momento, consiguieron que fuera capaz de vencer otros temores, y que haya podido superar otros escollos con la mayor tranquilidad del mundo.
Esta mañana, alguien me ha dicho que me veía genial, que en mi cara se reflejaba alegría y serenidad.
Hoy, domingo, final de semana... de una semana dura, difícil, intensa...
No hay comentarios:
Publicar un comentario