Durante este año he re descubierto la soledad, mi soledad. Esos ratitos en los que permites que el silencio de la casa te inunde, se haga contigo, forme parte de tí.
Esos ratos en los que decides salir a pasear sola, sin nadie. Entonces, tu único objetivo es simple y llanamente volver a encontrar tu esencia.
Esos instantes en los que te enfrentas a tus miedos, a tus dudas, a tus temores.
Esos momentos, en los que de repente, te haces consciente de que te haces más y más fuerte; más y más segura.
Y, casi sin saber como, vuelves a ser la misma de antes.
Vuelves a ser esa persona alegre, decidida, sin miedo a arriesgar, con ideas e inquietudes, segura de sí misma...
Y lo mejor de todo, es que hoy, en uno de esos maravillosos momentos de soledad, que me he permitido a mí misma, a la salida del trabajo, me he dado cuenta de que lo que más valoro es del poder disfrutar de la compañía de mis seres queridos y de mis amig@s; esas personas a las que quiero tanto y que me aportan cosas nuevas cada día. Esas personas, con las que comparto momentos increíbles, son un regalo de la vida.
Y todo esto... gracias a esa maravillosa soledad.
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