Y de repente despiertas. Te das cuenta que llevabas mucho tiempo sumida en un profundo letargo. En un profundo sueño del que no sabías como despertar. Pero, poco a poco, consigues ir abriendo los ojos. Hasta que por fin los abres definitivamente y consigues activarte de nuevo y comenzar a hacer de nuevo tu camino.
Voy dando pasos en mi proceso de crecimiento personal. Y para ello no olvido todo lo que he vivido, bueno y no tan bueno. Me doy cuenta de que soy una persona positiva, que procuro ver el lado positivo de las cosas. Que soy vulnerable. Que soy transparente. Que no tengo dobleces. Que si tengo un buen día, se nota. Y que si lo tengo malo... también. Que la gente me aprecia y me valora por lo que soy, por como soy.
Esta semana, en el trabajo, una persona me dijo que la gente le había hablado muy bien de mí, de mi forma de trabajar, de mi forma de ser y de hacer. Esa soy yo; así soy yo. Por donde he pasado, siempre he dejado una pequeñita huella. Siempre he dicho que una parte de mí se queda en cada persona con la que he trabajado. He pensado porqué me pasa esto, y creo que el secreto radica en que la humildad es mi sello de identidad.
Ahora, me he despertado. Soy capaz de ver. Soy capaz de analizar, reflexionar y meditar. Estoy creciendo como mujer, como persona, como madre. Sigo aprendiendo cada día. Y sigo aprendiendo de todas las personas que me rodean, sin importarme su procedencia, su titulación... simplemente escucho y aprendo. Y eso siempre ha sido así, siempre me ha enriquecido, porqué ahora en este momento, va a ser diferente?.

No hay comentarios:
Publicar un comentario