lunes, 18 de abril de 2016

Heidi versus Brave





Siendo una niña, siempre soñaba con ser pirata, mosquetera, guerrera... en fín, que no me veía precisamente como una princesa de cuento, paciente y tranquila. Siempre me imaginaba luchando contra las injusticias y defendiendo a aquell@s que lo necesitaran. Ahora, que estoy analizando mi forma de ser y de actuar, veo que esto ha sido una constante a lo largo de mi existencia, si bien es cierto, que no voy por la calle con una espada, o un arco y unas flechas... pero la entrega y la conexión con las personas siempre ha sido una de mis líneas de acción. Normalmente, se me dan bien las relaciones sociales. Me resulta sencillo conectar con las personas. No tengo que hacer nada especial, la gente se acerca a mí y me cuentan cosas. Quizás por eso, en este momento de mi vida, siento que ese apoyo y esa comprensión, que yo he podido ofrecer en ciertos momentos, ahora me viene de vuelta. Hace unos días, alguien me dijo que tengo una forma de ser que hace que la gente me aprecie, me quiera, sin más, porque transmito bondad. Esa bondad, es la que viene de mi pequeña Heidi interior. Esa inocencia de mi niña interior, hace que sea confiada; confío en la gente; confío en la bondad de las personas; confío en que sean como yo; como un cristal, transparentes, sin maldad, sin mentiras...
Pero, en estos meses, en los que estoy revisándome interiormente para seguir creciendo como persona, me he hecho consciente de que el ser así, el ser tan confiada, tan transparente, me ha ocasionado decepción, desilusión y dolor, mucho dolor. Es difícil cambiar la forma de ser de repente, sobre todo cuando tienes 45 años. Además no creo que acabar con mi niña interior, sea la solución. En cambio, me propuse hace unas semanas, retomar ese sueño de infancia; aprender a usar ese arco y esas flechas (siempre en el sentido figurado) para impedir que vuelvan a dañar mi interior. 
Heidi versus Brave.
 





No hay comentarios:

Publicar un comentario